viernes, 2 de diciembre de 2011

LAS TIJERITAS


Fotografía de Septiembre de 1994

(Boda de la princesa Susana Maria con Marcos, y aprovechando el fiestorro, mi santa (?) Amparo y yo, ya que coincidía aniversario, va y celebramos Bodas de Plata (casi de "alpaca").

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El cuento que a continuación pienso transferir aquí, data de Septiembre de 2000.  De la forma más amable que entonces pude (hoy sería mucho más agrio) e intentantado plasmar lo que para mí significaban -y hoy aumentado hasta el desbordamiento- estas "fiestecitas" de la BBC (boca, bautizos y comuniones). No volveré a contribuir, jamás, ni siquiera con mi asistencia, al "merder" en que alegre e inocentemente se meten sobre todo esos contrayentes tan bien ataviados, guapetones y apetitosos. Allá ellos; nunca se me podrá culpar a mí de mi aquiescencia y conformidad por mi simple asistencia.

Ya lo he anotado antes: Cuento dado a luz en Septiembre de 2002.

Y lo dedico especialmente a mis queridos amigos y parientes PABLO y FINA.

Y añadiré una dedicatoria, QUE NO SÉ DE QUIÉN ES SU ORIGINALIDAD, pero que el gran ASESOR del Bar de mi Esquina,
 (Aromas) me regala (al igual que el gran CELA -sólo escribiendo-, en su novela LA COLMENA, tiene un personaje qie inventa palabras, llega uno a tomarse lo que pueda y va y le regala una palabra de la que ni me acuerdo.

CITA más que dedicatoria, que esta última ya la he hecho:

                            "TODOS DEBERÍQAMOS CREAR ALGO.
                             YO CREO QUE TOMARÉ OTRA COPA."
                              (Suena a Grouxo Marxs, pero no sé...)




   



jueves, 1 de diciembre de 2011

VENTOSIDAD (Parido en Diciembre 2000)

¿VAMOS CON EL PRIMERO DE LA NUEVA SERIE?
(Respiren hondo)

= V E N T O S I D A D =


(Ensayo y loa)



ooooooooooooooooooooooooo





Es la ventosidad acción necesaria.


Es, también, arte. (La “necesidad” no tiene que conducir, por fuerza, a la vulgaridad.)


Dijo alguien –sé que en algún sitio lo lei- que para la mejor higiene del cuerpo y bienestar anímico, necesita el bípedo expulsar al día DIECISIETE ventosidades, como mínimo. Mayor placer y relajo si se producen en mayor cuantía.


Es la ventosidad acto tan íntimo como el evacuar –vulgo, cagar-. Por ello requiere de recogimiento, concentración, actuación y satisfacción.


Ocurre que, llegado el humano a ciertas edades, su intimidad deja la singularidad para devenir, como mínimo, en dueto que se persigue sea armonioso, comprensivo, amoroso, de un entregado compartir, o sea, de un abnegado soportar, a qué engañarnos.


Inventada “la pareja” de entrega y amor eterno –algún diablillo borde andaría en la redacción de sus estatutos-, saltó a la palestra la dificultad de, en la “intimidad de dos”, sobrellevar la intimidad de uno, “del otro”.


Y he aquí que en el mundo, desde su Creación o Big-Ben –allá cada cuál con sus preferencias-, existieron, y existen –loado sea Dios- seres flatulentos, es decir, seres racionales dotados de un organismo proclive a la elaboración de gases.


Estos seres son dichosos o desgraciados, según se mire. A saber:


a) Aquellos que generan vientos y están dotados para su pertinente evacuación -¡Oh, bendito descanso, dicha excelsa!.


b) Otros que fabrican iguales flatos y no cuentan con la feliz facilidad de su aireación. Suelen ser humanos amargados con el reflejo de su embotamiento en lo agrio de su gesto perenne.



Vamos a investigar aquí la situación vital del primero de ellos: El dichoso al que la Naturaleza ha provisionado de los mecanísmos adecuados en sus tripas para aligerar cuerpo y poner satisfacción en su sonrisa.



Antes de aventuarnos en cuestiones más personales, conviene analizar la naturaleza del viento que nos ocupa.


Sin lugar a dudas, debe inclinarse el individuo –activo o pasivo- por el zullenco sonoro. No es éste traidor ni noqueador de pituitaria sorprendida. Es el pedo, cuesco o pedorrera, sonido floreado, seco o contundente –sometido a usos o costumbres del artificiero- y, normalmente, inodoro, o sea, asumible con una mínima dosis de cariño por acompañante ocasional o permanente.


Nos dice la experiencia que hay que huir, como de fuego que quema tus posaderas, del meteorismo silente, rufián pútrido que sólo da fe de su volátil presencia cuando ya todo entero ha violado nuestras narices y se asenta, con extremo hediondo aroma, en nuestros desmayados y asfixiados sentidos.


Obviando la brevedad y presumiendo de haber dejado diáfana, a pesar de dicha brevedad, lo profundo de la neumatosis, es de justicia avisar que el uso de la facilidad de regoldar analmente no debe convertirse en abuso o alivio en momentos o lugares nada apropiados a lo que la intimidad del hecho requiere (Tómese como ejemplo que nadie osa aflojar de sólidos sus intestinos en medio de amable reunión familiar o grupo de amistades que, por mucho que nos amen o comprendan, primero, no entendrán; segundo, puede que avisen al manicomio más próximo).


Éstas son las reglas a tener en cuenta. Y seguirlas, claro.


a) Jamás peerse en el transcurso de un apasionado beso lengüetero con ser amado, ligue puntual o presa dubitativa.


b) Por supuesto, olvidar tajantemente el aflojamiento si la acción pasa del acto anterior a consecuencia horizontal subsiguiente. La embravecida líbido puede sufrir un encogimiento difícil de enderezar duante mucho tiempo.


c) Abstenerse –asunto de elemental educación- en situaciones de grupo familiar o amiguetes parlanchines. Suele sonar feo –cosas de la sociabilidad-. No sé por qué –poca comprensión que hay-, pero suena feo. ¿Por qué crearnos innecesarias enemistades o arbitrarias personalidades?


d) Nunca, tampoco, ante descendientes –vulgo, hijos- hasta que su razón alcance a comprender lo lujoso y bonancible de esta facilidad y las normas de su debido uso.



Y descansados por todo lo anteriormente vertido, debemos llegar a la conclusión, o detenida moraleja, que movió esta reflexión sobre el arte y la necesidad de la ventosidad y que pretende inyectar alguna ciencia que ayude a la supervivencia de la convivencia.


O sea, adivinado habéis que toda esta disquisición no era destinada al pedorrero solitario que a nadie debe dar cuentas de sus felices o nefastas habilidades. No. Es su meta ese frágil mundo de la pareja -hetero, homo o como les piquen sus cromosomas, da igual-


Así, la vida cruel, frecuentemente junta a seres, como dice el dicho, ciegamente, sin mirar si casan o congenian o son proclives a la enemistad sus gustos e intimidades. Tal es que, por fuerza, ante el ajuntamiento, esa intimidad personal e individual debe convertirse en una compleja nueva intimidad de dos en uno -¡si al menos llegásemos a eso de la Trinidad!-.


Sucede pues que menudean los apareamientos nacidos de la única fuente del Amor que no sabe, ni tiene el porqué, meterse en las camisas de veinte mil varas que cada uno de los miembros por él unidos llevan en su panza. Sabe que su fuerza debe ser suficiente para arribar al cómodo acomodo de uno al otro y del otro al uno.


El angelote rubianco y regordete que lancea con dardos de amor los corazones, suele meter la pata con aquello de enlazar a quienes no son afines en inclinaciones o necesidades ¡Y ya hemos llegado!


Se abrazan millones de parejas en las que uno de sus miembros tiene la dicha de ventear con fluidez la manía de sus tripas de hincharle como un globo. Muy frecuente es que el amado o amada no padezca este incordio interno y, por lo tanto e influído por absurdos respetos sociales, no entienda ni acepte, incluso reprima agriamente, las sonoras tracas bienhechoras de su pareja (largos años cuesta de asimilar y, lo mejor, asoma la comprensión cuando la propia degeneración vital se anuncia con esos hinchamientos que no se conocían y se siente uno tan dichoso de crear orquesta de viento acompañando al tanto tiempo vituperado).


Diríamos, pues, al elemento del dúo puntilloso con los flatos del otro que si en su ánimo anida el cariño, mírese el pajar de sus propios ojos y acoja con benevolencia los aires de su pareja –a fin de cuentas, todos somos gas, mucha agua y algo de materia sólida- como componente de su persona, de ese todo que queremos querer. La intransigencia no más que lleva a una estación: La Terminal, el final, a la pérdida del ser amado por no acomodar con ternura el oído al sonido de sus entrañas. ¿Y por qué tan irremediable final? Ahí va:


a) El amor del flatulento puede llevarle a, por complacer, obstruir con adminículo de corcho o plástico la salida natural de sus cuescos. Resultado: Iría hinchándose por minutos, por días, por meses hasta llegar al terrible y predecible reventón. Al hoyo el pedorro.


b) Lo incontenible de sus desahogos, ante el ambiente tan hostil, lo llevaría a buscar otros reductos más amables y comprensivos.



Dicho lo dicho, epilogamos concluyendo con que la continuidad de un bello amor no puede ser vencida por un pedo. Ni por diecisiete.


Buenas.


                                                  Luis Ramírez de Arellano
                                                 (Diciembre 2000)

                                                   Hoy, 1-12-2011, DESVENCIJADO)








APENAS PEQUEÑOS CAMBIOS EN LO HONDO.


Fotografía de JULIO de 2010
(La Fresneda, Teruel, comarca del "Matarraña" -preciosa-)
Como por una de estas calles -ésta es la principal-  con estilo de soportales mozárabes, vaga mi alma de arriba hacia abajo, llena de claroscuros que protegen de frío, nieve, lluvias y vientos al vecino, su cuerpo sentidor de elementos naturales, pero... ¿y de esos cambios de luz, de esas intermitentes negruras y deslumbres...?
¡Bah, nadie se caliente la mollera!: Esto es así, y no hay más. O, en su caso, que me convenzan o me lo demuestren.

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Mi vida viene a ser una especie de claroscuro permanente, algo así como lo que la ciencia define como “bipolaridad”. (Bien, esto puede ser fatal; pero ocurre, como siempre, que la ciencia se olvida del “componente o factor humano”; es decir, uno puede llegar a estar hasta el “pirri” de ser un tipo, como se dice ahora, supersimpático o, con el mismo léxico, un “muermo” total. Ello, claro, porque nadie sabe ni por un segundo poner en funcionamiento su empatía (si es que sabe lo que es y si la tiene).


Toda esta tontería de arriba viene a cuento porque he decidido mostrar aquí escritos de mediana o antigua edad paridos por mí, unos con su dolor correspondiente y otros gozando, lo que se dice disfrutando, de escribir con la risa y el contento metidos en los adentros y brotando por los dedos o que aprietan la pluma o, directamente, teclean. (¡Ay, este teclado está arrancándome mi antiguo enorme placer de, con una buena pluma estilográfica, dibujar estas grafías, con viaje tan directo de mente y alma hasta los dedos!)


Y todo lo que adelante soltaré (cuando sea una excepción, lo advertiré).


Lo alumbré en una época en la que, todavía, yo peleaba con premios, editoriales y negros seres (lo siento, así me los he imaginado siempre) llamados “correctores de estilo de las editoriales”. Un mediano o mal informe suyo, te podía mandar a la mierda un trabajo de dos, ¿tres? años. (lo cual no quita para que sí, fuese una mierda), pero coño, un mínimo de comprensión y abracitos para un señor ya sin lomo, extinguido y masacrado en ese tocho de folios que alguien, que ni sabe quién eres ni te conoce, con una frialdad que asusta escribe en su informe: “…no vale, no es buena, no venderemos un clavo”. El tipo que eso escribe, creo yo que, al menos, con lo rica que es nuestra lengua, podía gastarla de una forma menos marrana al acordarse de, quizás, el año –o dos- que el ilusionado aspirante ha escrito, ha gastado y quemado hasta convertir algunas hebras de sus cabellos (si no es calvo) en, con una extraña y macabra magia, tintarlas de ceniza, o de plata.


De buena o mala manera, en cada cuento, o lo que sea, advertiré si se publicó o no (aunque casi siempre –no, mejor siempre- de una manera nefasta-, es decir, como si no se hubieran publicado, mejor hubiera sido).


Conviene comenzar con algunas piezas bufas (como dicen en la ópera). Ya me he ganado bastante fama de ser de plumaje negro de cuervo que se nutre de carroñas. Aunque yo siempre me defiendo con lo mismo: Jamás me fiaré por entero de un ser al que no haya visto nunca serio. Es muy sencillo, nadie ha conseguido convencerme de, siquiera, algunas pequeñas breves alegrías que te puede dar esta putísima vida.


Muchos de estos escritos los tengo pulcramente encuadernados, intentando dar a estos volúmenes la forma total o común de un conjunto “NADA HOMOGÉNEO”, tal como los muy ilustres señores críticos alaban (todavía no sé la razón); si un señor decide reunir, encuadernar y dar a imprenta y examen de editorial cualquiera, yo al menos, jamás he intentando que todos los cuentos, relatos o lo que sea, tengan un fondo común. ¿Por qué esta idiotez? ¿No disfrutará más el lector leyendo “variedad” y no un tocho de 200 páginas lleno de relatos distintos pero con idéntica temática de fondo, alternando relatos de humor, o con tintes de comedia, o serios, tristones, trágicos, que todos tengan el sentido final de una sonrisa de la que te hartas o una negrura con la que no más acabas que pidiendo luces de candelas? (Esto hay gente que lo considera “pataleos de un frustrado que 'no ha conseguido llegar'…” Pues qué bien. Qué maravillosa la libertad de la mente de nuestros congéneres para pensar lo que les salga del pito. (Lo de “pulcramente” encuadernados del inicio, no más es por los bastantes viajes que han hecho a concursos y editoriales).


Uno de los pequeños tomos que conservo encuadernados con diferentes temas (aclarado está antes) tiene una dedicatoria de entonces (AÑO 2005 – AGOSTO) – Hay que percatarse que andamos acabando el año 2011, y este tomo, en su primera hoja, llevaba –lleva, coño, todavía- esta dedicatoria:


Para ELLA,
tan cercana,
tan lejana.
Triste incongruencia,
¡tan humana!




Hoy, fecha del 1 de Diciembre de 2011, como el que dice, simulando una nueva etapa, con escritos míos más antiguos (aunque siga colando actualidad, que es, ahora, lo que más vivo), no encuentro dedicatoria, pero sí cita, teniendo en nuestra España tan inmensos poetas, entre todos cuyos versos, rediez, alguno nos “toca”:




ANOCHE SOÑÉ QUE OÍA
A DIOS, GRITÁNDOME : ¡ALERTA!
LUEGO ERA DIOS QUE DORMÍA,
Y YO GRITABA: ¡DESPIERTA!

                                                                       Antonio Machado


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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Sigo FRIVOLIZANDO en plan POLITICAMENTE CORRECTO (Por si acaso)

Fotografía que divulga el diario EL PAÍS.
Ésta, concretamente, el 16-11-2011


Buena moza -no me digan que no- que en sus varias salidas en los medios -que yo sigo- siempre la sitúan en Sevilla. No sé si es nacida en la querida tierra andaluza, aunque merecería el sobrenombre de "LOZANA ANDALUZA".  De no ser así, y no más resultar que ejerce en Sevilla y ser oriunda de cualquier rincón de España, pues habrá que dar unos vítores a todos esos rincones que reparten por toda nuestra Piel de Toro frutos tan hermosos.

Encima de su porte, del gesto serio de su rostro que, a pesar de ello, irradia más gracia que la famosa sonrisa de Mona Lisa, y de su, con perdón, cuerpazo, PRESUNTAMENTE magnífico en mostrándose libre de tejidos, va y esta señora estupenda, resulta ser Juez -¡O Jueza, usted manda, doña Mercedes!-, y además anda metiéndoles mano de férrea tenaza judicial a una de tantas, tantísimas, demasiadas -¡qué asco, por Dios- tramas de corrupción y sinvergüenzas redomados que están surgiendo por toda España (no conseguirán cubrir de mierda la guapeza con que la señora Juez Alaya y sus saberes judiciales los va a enchironar (ojalá de por vida, so marranos).

Señora Juez, o Jueza, tanto da, yo es que la sigo a Vd. cada vez que sale en algún "medio". Mire, usted me toma como un PRESUNTO descarado si ahora, a continuación, le dedico unos cuantos "piropazos", PRESUNTAMENTE inocentes:

Mire usted, doña Mercedes, tiene  su humanidad, desde la coronilla a esos dedos que asoman por sus ¿sandalias con tacones?, una estampa encantadora y unos andares jacarandosos de enamorar a transeúntes. Usted, señora mía (¡ojalá!), bajo mi entontecido observar sus andares, no tiene piernas, ¡tiene, PRESUNTAMENTE! unos muslazos que yo ruego, le ruego, utilice para atenazar y ahogar a toda la panda de sinvergüenzas a los que lleva a juicio (Ojo, no me atrevo a pedir nada más -las querellas, en España, siempre nos caen a los mismos-). De su alto medio cuerpo que soporta tan agraciado rostro, tan encantadora sonrisa y más PRESUNTAS cosazas  de las que no me permito hablar, cada quién que se imagine mis PRESUNTAS deducciones. Sólo me faltaba a mí líos con una Jueza y, encima, tan bella. Ahora bien, si por mala ventura, algún follón indebido me envuelve, no lo dude, yo pediré, rogaré, suplicaré que me juzgue usted, señoría (algo así como, imaginando música de cuplé:... "Ay, júzgueme usted, por favor; qué delito he de cometer para entre sus manos justicia hallar, ay..."

Más en serio, amigos -PRESUNTAMENTE-: Me encanta que se encuentre en España una señora Jueza que ejerce como debe y encima, como añadido, sea una señora estupenda.

¿Me permite, doña Mercedes, que le remita un casto beso -PRESUNTO- por su buena labor y ese físico que algo  GRANDE le ha otorgado? ¡Pues, hala, hacia su mejilla ya viaja!

DESVENCIJADO
Luis Ramírez de Arellano









  

sábado, 19 de noviembre de 2011

FRIVOLICEMOS UN TANTO... (He soltado demasiada seriedad o profundidad)

Fotografías que circulan por esta red "pecaminosa" de Internet y sobre las cuales no tengo más responsabilidad que la de mirar... y ¡admirar!
(Es que me desarrollé hetero redomado y... no sé, como con un exceso de convicción en mis gustos)

LEVES PLACERES EN EL BAR DE MI ESQUINA
(Alias "AROMAS)

Dedicado al buen amigo  LANCELOT,  una de cuyas
celebradas frases he robado (con previo aviso -conste-)" para parir este comentario.

(LANCELOT, buena gente, el Ente superpoderoso que sea,
te quite de encima pronto los sufrires actuales que andas
soportanto)

LAS TRES GRACIAS


(Conste que estaba prevenido aunque yo ya las conociera -sólo de vista- y tenía mi dictamen íntimo sobre las mismas -señoritas maduras, o maduritas, de buen ver y -se supone- de mejor palpar).

Así, como inciso, no es que deba advertir ni enseñar a nadie sobre lecciones de pintura, pero es -o debe- ser sabido que uno de los grandes del expresionismo -¿o impresionismo? ¡Joder con los académicos!- el llamado RUBENS, se aficionó con la exuberancia maravillosa de sus frondosos paisajes ajardinados y, claro, en cuanto se puso a pintar mujeres desnudas, va y se queda como el inventor de la famosa celulitis femenina (alguna pintura suya que recuerdo de un hombre, algún músculo tiene, pero las de las féminas es un desborde -¿existe esta palabra?- de carnes y lorzas que en cuanto te asoma algo de sensualidad o encabritamiento de líbido, te hace desistir ante tamaña abundancia a la que hacerle frente.

Efectivamente, tal como LANCELOT sentenció, y yo le robé su sentencia, una de las tres Gracias (quizás se podría decir la más atractiva) siempre llevaba de vestimenta -vestidos o suéters- de escote muy justo, o mejor: corto. Esta hembra era -y lo sigue siendo- de agradable cara y graciosos rizos de su pelo que le caen por su rostro de dibujo más que correcto (ojos razonablemente bonitos). Ésta su forma de vestir, necesariamente forzaba a sus carnes superiores, finas y tersas todavía, a asomarse al exterior y exponerse a un resfriado (en tiempor de verano, le venía de maravilla ésta su manía. -no tanto a quiénes hacíamos de mirones-) Y he aquí la maravillosa frase de mi querido LANCELOT. "Fíjate, son como dos calvos cuchicheando". Efectivamente, a partir de ese día fijé más mi atención en esta desenvoltura superior de la crecida ninfa. ¡Vaya, es que casi las lucía fuera por entero!
Con más descaro me dedique a mirarla más fíjamente. A veces, los "calvos" temblaban. Pensaba yo: "Eso es que se han contado un chiste".  O peor, "¿Tandrá frío?" La templanza de mi edad evitó que cualquier día me lanzara a cubrirla y protegerla de enfriamientos malsanos. En otras ocasiones -fiebres libidinosas- me imaginada sus morritos arrugados -¡¿de qué pigmentación?!- contándose cotilleos o algún fino chascarrillo... Sí, semejantes lindas calvas no podían tener boquita procaz.

En fin, esta linda muestra de mujer que sigue acudiendo al AROMAS y yo, claro, sigo admirando a sus "calvos", nos alegra muchos días la tertulia sana de la cerveza y seguir confiando, como siempre, en lo más bello que puebla el mundo y en que, sin duda, si alguien nos tiene que salvar, serán ellas, las hembras y todo el Amor que puedan darnos.

Tenía más materia, vaya que sí, pero va y como va siendo habitual en mi mente que va caducando poco a poco, son cosas que pienso recién acostado esperando al sueño...¿y qién las recupera al despertar? ¡Ya me acordaré! Mientras tanto, voy a intentar desperdirme, SEÑORITOS, con una hermosa imagen comentada por el gran escritor y filósofo francés JEAN-PAUL SARTRE.


Para aquella buena y amable gente recién llegada a mi blog, en algún momento daré razón de éste texto y fotos que les puede parecer inadecuado.

(De momento, para que se vayan hacienco una idea, les recomiendo retroceder y, si les apetece, leer mi entrada del 24-03-2010 "El mito del viejo verde" 



DESVENCIJADO
Luis Ramírez de Arellano

sábado, 12 de noviembre de 2011

GRACIAS A TODOS.


Fotografías de MAYO de 1994


Mi última entrada ( "TODO VUELA. HASTA LA ESPERANZA"), ha tenido, para la modestia de este blog, una pequeña, pero inusitada (y muy estimulante para mi vanidad) reacción, entre la amabilísima gente que me visita.

Va para ti, mi ya querida ANNA GENOVES: Puedes "llegar", qué duda cabe. Tienes el empeño y la fuerza. ¡Importantísimos!.
Ahora bien, debo (no por modestia -ni de la falsa ni de la buena-) decirte que existen unos miles de "maestros", antes que yo, de los que aprender.
Ocurre que con mis años (¡tantos escribiendo!) va y de vez en cuando me visita y guía mi pluma una hermosa musa y sale de mis adentros hasta el papel algo que se podría considerar bueno. Pero no debo ser yo tu guía.
Eso sí, la literatura (prosa e intentos poéticos) no la concibo de otra forma que con fuerza agresiva y sí (¡sabes leer!), no es nada autobiografía pero sí PURA VIDA, quizás mía, quizás copiada, quizás tratada con la fuerte impresión de lo captado en lo ajeno, y puede que, por el mismo sendero más cosas. Pero, ¡ojo!, no se copia. El hecho propio o ajeno te conmueve y te fuerza a cumplir un destino al que nadie te ha obligado...Nadie sabe realmente la razón, pero tú ¡tienes, por narices, que escribir sobre ello! Y cuando con el último suspiro de tu alma, extenuada, dejas caer la pluma sobre los folios, al rato lo relees todo y ves que, allá en lo profundo, todavía bulle el hecho que te movió a ese relato, novela, poesía... pero, pero ¡tú has creado algo nuevo, una ficción literaria que también es VIDA! Y que, al menos, para mis ideas, habrá brotado de una realidad vital, pero lo que tú has escrito es, SIEMPRE, OTRA COSA, OTRA VIDA, OTROS SUFRIRES Y OTROS GOZOS.

He leído, ANNA tus dos últimas entradas. El reportaje del programa de televisión Callejeros me ha parecido magnífico, tal como si fuera tuyo propio o hubieras sido tú misma la visitante del trágico escenario. No parecías contar nada "de segundas" sino de "primerísima" fila en conflicto tan terrible... "¡Ésa, según mi entender! en la norma para tu poesía!"

Otra vez, querida ANNA, gracias mil por tus palabras. Ello aunque yo ya me sienta al margen (tanto que casi ya ni hago caso de la reglas ortográficas, y menos de las "novísimas") Tú sigue, sigue y no pares de escribir. Y si nadie te reconoce, sentirás cómo esa especie de vacío ilocalizable en tu interior, se va llenando (tal vez de letras, de oraciones, de frases, de párrafos... ¡de literatura! Te sentirás siempre mejor y aquellos que ignoren tus letras, no te quepa duda, ¡allá ellos!).
(Hace ya unos años, a trancas y barrancas, publiqué mi íltima novela.
En ella, todavía "ME" verías más. Sin que en absoluto parezca ningún ánimo de "contacto al uso" ni que te  huela a tal, si ves alguna forma de que, manteniendo tu anonimato, pudiera hacerte llegar el libro (aún me queda alguno)...
Para ANONIMUS:

Complejo, vive Dios, el tema que planteas.
¿Por dónde flota el AMOR?
¿Por donde tú dices? ¿De verdad asegurarías que está en el interior de cada uno de nosotros?

Empezaré diciéndote que soy de los que opinan que el Amor viene a ser como el aire que respiramos. Se acaba el aire; desaparece el Amor. ¡Todos al hoyo!
Sería una conversación magnífica (con alguna copilla delente, claro), tratar sobre este tema contigo y con quien tenga verdadero interés y no ganas de soltar gilipolleces.
Me has dejado con una duda importante, carajo (aunque soy de los que piensan que hay que huir del humano "segurísimo", sin duda alguna. Mi consejo: No te fíes jamás de ese gentío que pisa tan seguro)
En principio, te diré que el AMOR es algo tan grandioso que no puede caber, ni troceado, en el interior de cada ser. Ahora bien, sí que existe una, digamos, ciencia infusa, inyectada en el género humano que los hace saber del amor, de su esxistencia y de los caminos para llegar hasta él y aprovisionarse... Otra cosa es que sirvan, puedan o ni siquiera sepan ni lo que es ni cómo usarlo.

Para el SR. ARELLANOS: Ya hablamos de esto y mejor que por este medio. Delente de nosotros un café (descafeinado, cago en la leche) y unos chupitos sin "desalcoholizar" (¡a que no existe esta palabra, gente buena!). 

A todos, repito, gente amable, gracias. Flores verbales me habéis dedicado. Flores en fotografía os desvuelvo.

Besos, buen yantar y mejor gigestión.

(Pero, como otras veces, no nos olvidemos de Somalia, Nigeria, hambrunas mundiales y sangrientas crueldades en los hemisferios del sur... Amén)

DESVENCIJADO
Luis Ramírez de Arellano 

lunes, 24 de octubre de 2011

TODO VUELA. HASTA LA ESPERANZA.


Fotografía de ENERO de 2006


Me pidió un gin-tonic.
En el claroscuro del salón
se lo bebió
 con trago calmo.
 Yo la miraba;
el alma intranquila.
Se fue de la calma,
sólo alborotada por
un estúpido parloteo
televisivo.

Poco tiempo pasó.
La vi salir de nuestra alcoba.
Una bolsa pequeña de su mano colgaba.
Gesto frío en su rostro;
en su mirar, casi hielo.

"Adiós, me voy" -no dijo más,
seco, dedfinitivo, sin pausa de duda
o concesión a la ternura,
aunque dominada-
Tampoco hacia falta más.
Aquello era una fina y sueve
explosión de un encono de años.

Me levanté con agua salada en los ojos.
Fue directamente hacia la puerta...
¡¡Dita sea;  NI UN BESO!!
Vi, noté el rechazo creado
entre su espalda y mi cuerpo;
era decidida marcha.
¿Huida?
No lo sé.
Son cuestiones difíciles...
¡Pero cómo duelen!

La seguí durante un tiempo.
Yo la veía con mi mirada nublada...
¡¡Dios, que se iba...!!.
Ella , a veces, se volvía, me veía seguirla,
-ya cordero moribundo-
¡Qué expresión tan difícil en sus ojos!
Me veía seguirla
con varias miradas en una...
¡Que sí... Lo juro!
Desde mi lejanía, un amor recordado,
como muy vivamente,
en sus ojos.
Al tiempo,
brillaban las cuchilladas
de un conflicto de desamor.
Me repelían esos rescoldos;
esos rasgos de pena en su mirar,
como con destino a perro abandonado que fuera.
Pero también me llegaban
trallazos como chispas
de las explosiones
de postrimerías
de un amor que fue pura explosión...
permanente...
¿Estaría ella sufriendo?

La seguí pisando cemento,
quizás esperando un milagro...
¿una  flor crecida en el asfalto?
La seguí ya llegando a los campos,
pisando barbechos y hasta sembrados
(Ay, ella cada vez se volvía menos)
Llegamos al puro monte...
hierba, aromas de sanos matojos,
silencio con alboroto de
pájaros que no saben de amores,
sólo de apareamientos,
y cuando a su tiempo el instinto los mueve,
(¿serán por eso tan sanos, tan inocentes...?)
Subió ligera,
 ya ni volverse una vez siquiera;
alcanzó cumbre y fui perdiendo
su figura.
Sin volverse seguía.
Coroné lo alto...
Al otro lado ya no la vi,
ni tanto así de los reflejos de su pelo
(ya de débil color),
esas mechas blancas
que tanto de amor se erizaban.

Me pareció, aún en la lejanía,
más grande su, en principio,
pequeña bolsa.
Quise deducir, ¡así tenía que ser!
que ahora cargaba,
como incongruente amalgama:
por dejarme: un gran dolor;
por su firme decisión: otro más grande dolor.

&&&&&&

Me crié en las orillas del mar.
Amo y temo y respeto al mar.

Los cuatro "elementos" me zarandean:
Tierra;
Agua;
Aire; y
Fuego.
Ella, quizás, no hizo caso
del verso de Benedetti
(Cito de traicionera memoria):
"No borres el camino por el que te vas,
no sabrás volver"
O ella lo borró
o el mundo se lo comió.

Cansado de horizontes terrosos,
como paridor de mi esperanza,
todavía viva,
me fui a MI mar,
el de mi niñez, adolescencia
y primeros amores...
¡No había otro:
El mar, MI MAR!

El Fuego abrasaba mis quimeras.
El Aire, con su viento, las volaba.
La Tierra, hecha arena, dejaba escurrir
su firmeza por entre mis dedos.
Sólo el Fuego mantenía
(¡y con desatadas llamas!)
mi presencia diaria
sobre la arena, piernas cruzadas,
sin apagar mi esperanza.
Es un mar amable,
siempre, a dirario, me trae
sus suaves rumores, siempre;
yo absorto mirando sus ondulaciones,
siempre iguales,
nunca iguales,
sus venidas y resacas,
jamás ni en tanto así parecidas...
amores y calmas,
amores enfurecidos,
calmas resignadas, rendidas.

Si se me fue por tierra,
¡¿por qué por mar no volverá?!
(Desvaríos de un extremo amor)

Un día,
no muy alto el sol estaba,
algo lejana,
vi (o quise ver),
entre las espumas reventonas
de las olas, lejanas, explosivas y altas,
algo alejadas,
una figura.
Su color era de pura carnalidad.
Su avanzar, decidido, hacia la orilla,
(¡hacia mí!)
no era arrastrado
sino dominante:
una rodilla, un muslo;
otra rodilla, otro muslo.
Mojados sus cabellos,
la melena, corta,
castaña y blanca,
o se pegaba en hebras a su rostro
o bailaba con el son del viento.
Sentado sobre la arena,
mi cuerpo se enervó.
Por entre su mojada boca entreabierta,
se escapaba su tan
singular sonrisa.
Sus pechos eran los de siempre:
¡apuntándome!
Bajo de su vientre,
un punto espeso lleno de oscuras promesas.
Casi abandoné mi postura
de piernas cruzadas
sobre la orilla, cerca de las espumas.
¡Dios, ¿volvía?!

No sé cuánto tiempo corrió,
yo con la visión embobado.
De pronto,
un golpe más fuerte del habitual pacífico mar,
justo a mi lado
depositó un leño,
de regular tamaño,
negruzco, quemado,
como para tiznar esperanzas.
(Mi cabeza pensó por sí sola:
otro amor quemado... ¿Por exceso, por cansancio,
por el tiempo... por escaso?)

Comprendí,
para siempre, allí,
que estaba donde siempre:
¡en el cochino mundo!
que perdió La Esperanza, y lo peor:
el Amor.

Abandoné mi postura;
me tendí entero de espaldas
sobre la suave y clara arena.
Arrullado por la música
del mar
y mirando al claro y limpio azul
vi mi esperanza
hacia rriba, muy alto, volar...
Hasta perderse.


DESVENCIJADO
Luis Ramírez de Arellano